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sábado, 5 de noviembre de 2011

Textos para imágenes (1)


Te busco a través del cristal de mi ventana, y siempre acabo perdida entre las calles, reviviendo todos los momentos que un día juntos vivimos.
Paro mi mirada en aquel parque, en el que pasábamos el tiempo tumbados en el césped el uno al lado del otro, aquel beso en la entrada de la estación.
La farola iluminaba el camino que recorrimos, que ahora se apaga sin nadie que viva los sueños bajo su luz.
Y ahora mis ojos se resienten, rojos como los zapatos de un payaso, de lágrimas que visten cada recoveco de mis mejillas, olvidándose al olvido de tus sentidos.

martes, 20 de septiembre de 2011

Ángeles de nieve.

Y esta vez el tiempo se hace eterno, la fina linea que separa el ayer del hoy no parece llegar nunca, y nos encontramos a diez mil años luz de mañana.
El sol empieza a ponerse por el oeste, el horizonte dibujado al norte y el suave susurro del viento al pasar meciendo las copas de los árboles más altos, el cielo ambarino se recubre de unos moteados puntos blancos, que caen posándose delicadamente en los salientes de las ventanas y aceras.
Horas más tarde la ciudad se viste con un blanco manto inmaculado, los niños salen a las puertas de sus casas abrigados con gruesas bufandas y un par de guantes calentitos mientras corren hasta el montón de nieve más cercano y lanzándose a los cristalinos brazos del tiempo creen volar sobre las nubes.
Los más soñadores prefieren imaginar que son ángeles tumbados sobre un gran algodón de azúcar que miran tímidamente desde lo alto del cielo mientras los más jóvenes recrean sus propias guerras, en las que el arma más peligrosa son las bolas de nieve creadas con sus propias manos, y tras horas y horas de juego caen rendidos ante el fuego de la chimenea mientras toman un buen chocolate caliente.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Cuentos en tinta china.

Silencio, oscuridad, un largo pasillo y una puerta numerada, habitación 207.
Rebeca intentaba escapar del interior de esa sala.
Un fuerte olor a alcohol inundaba la estancia y un antiguo gramófono emitía una vieja canción rayada, mientras unos tenues rayos de luz se filtraban a través de las rendijas de la ventana.
Una tos seca sacó a Rebeca de su mundo paralelo. Sus familiares conversaban animadamente mientras ella se dejaba llevar a través de los cascos de su reproductor de música, la ventana abierta de par en par iluminaba la habitación 207.
El fresco aroma a rosas recién cortadas, metidas en un cristalino jarrón con agua en la mesita contigua relajaba sus nervios.
La operación había sido un éxito y ella se adormilaba en la cama de sábanas blancas mirando el cielo acaramelado. 

viernes, 19 de agosto de 2011

Corre.




Corre... 
corre hasta alcanzar todos tus sueños, que nada ni nadie se interponga en tu camino, que nunca nadie consiga que tu rodilla toque el suelo, tú y solamente tu eres dueña de tus sueños, de tus actos, de tu vida.
No importa dónde se encuentren, lucha por ellos, por ti, por hacerlos realidad, porque si dejas de creer en ellos se secarán y caerán a tus pies como los pétalos de una flor marchita. Y si te pierdes por el camino, no te preocupes, déjate llevar por el mapa de tu corazón, de tus anhelos, de tus sentimientos y corre, corre como si tu vida dependiera de ello, corre hasta que aquello tan lejano se convierta en tu presente.

miércoles, 29 de junio de 2011

Coleccionaba sonrisas en frascos de mermelada.

Blanca era una joven muy animada, yo diría que demasiado, siempre estaba correteando de un lado para otro, saltando y sonriendo, no era de esas personas que se cortan fácilmente, no, todo lo contrario.
Siempre llevaba la cámara de fotos que le regalaron dos años atrás por su cumpleaños, solía irse al parque y allí en el césped tumbarse bajo el sol y observar las formas de las nubes.
Todos los que la conocían no podían evitar soltar una sonrisa cuando pensaban o hablaban sobre ella.

Blanca adoraba la mermelada de frambuesa y, cuando ésta se agotaba recogía el tarro y lo llevaba a su cuarto. Tenía una repisa llena de ellos, pero lo que más llamaba la atención de eso, era que estaban llenos, llenos de trozos de papel enrollados, eran fotos, fotos de sonrisas, de todo tipo, unas más dulces, otras más traviesas, las había tímidas y provocadoras, de carmín o chocolate, algunas melladas, pero todas y cada una de ellas era diferentes, especiales, y lo mejor de todo era que siempre tenía a mano su cámara para sacarlas, cuando había rellenado el carrete corría a revelarlas y luego las guardaba como un tesoro y cuando estaba triste, las sacaba y las miraba una a una hasta que volvía a recuperarla.
Cuando alguien le preguntaba que por qué fotografiaba sonrisas ella contestaba siempre lo mismo, porque lo más valioso de una persona es su sonrisa, y quiero recordar a cada persona con lo mejor que tiene.

martes, 28 de junio de 2011

Grullas de Papel.

Paula era una niña especialmente soñadora, podía pasarse horas frente a la ventana imaginando que volaba sobre el cielo azul a lomos de su grulla, la que había hecho con tanta dulzura y cuidado.
De pequeña su abuelo le enseñó a hacerlas, al principio no podía, era un poco torpe con las manos, especialmente cuando eran trabajos manuales, pero se empeñó en aprender, quería hacerla como fuera, pasó varios días intentándolo, su abuelo le daba unos pequeños consejos.

-El truco está en relajarse, hacer que éste inerte trozo de papel se convierta en una parte de ti, deja que fluya suavemente entre tus dedos.
+No puedo es muy difícil para mí, soy una inútil, no consigo hacer nada bien.
-Relájate y todo saldrá solo.
Sujetó el delgado folio entre sus pequeñas manos, y se imaginó a su preciosa grulla, la más hermosa y delicada de todas, empezó a doblar unos pliegues, dando forma a la silueta, pero le costaba mantener la concentración, su abuelo viendo el esfuerzo de ella, agarró sus frágiles manos de porcelana, ella dedicó una amplia sonrisa a su querido abuelo que la miraba con ternura, los dos juntos siguieron fabricando sus sueños hasta que, por fin, Paula tuvo entre sus manos la grulla, era de coloridos tonos, parecía real, lo único que fallaba era el tamaño, pero era perfecta.
+Muchas gracias abuelito, sin tu ayuda no habría sido capaz de terminarla- dijo Paula mientras esbozaba una gran sonrisa.
Su abuelo no dijo nada, tan solo la miraba y asentía a la vez que sonreía, las arrugas de sus ojos se marcaban aún más, pero no le importaba, era feliz.
Todas las noches cuando Paula se iba a la cama, llevaba la grulla y la dejaba sobre la mesita de noche, pasaron varias semanas y una mañana de enero, su querido abuelo murió. Paula lloraba desconsoladamente, y se aferraba a su grulla, era el último recuerdo que tenía de él, y lo abrazaba con fuerza. Esa noche Paula no podía dormir, se acurrucó junto a la ventana y miraba el cielo estrellado, se imaginó que volaba sobre su grulla junto a su abuelo, que la miraba sonriente mientras viajaban bajo la luz de la luna y acabó durmiéndose con una pequeña gran sonrisa en su pequeña gran carita de niña.

viernes, 6 de mayo de 2011

Gracias al desonocido destino.


Josh era no era un chico normal y corriente, sino de los que aparecían solo una vez en la vida.
No era el chico perfecto si nos fijamos en su apariencia, pero eso era lo de menos, Josh era moreno, de ojos castaños, algo tímido pero muy alegre. Le gustaba la música tanto como a un perro su hueso, siempre que podía cogía una guitarra y componía dulces melodías, soñaba con que una melodía suya se hiciera famosa algún día, pero sabía que por su carácter introvertido nunca lo conseguiría.
Un día cuando caminaba por la calle, llevaba bajo el brazo su carpeta roja en la que guardaba todas las partituras de las canciones que componía, al doblar la esquina chocó contra un hombre alto, demasiado imponente como para decirle algo, todos sus papeles cayeron al suelo, pidiendo disculpas se agachó a recoger todo el estropicio, pero sin darse cuenta dejó olvidada una de sus partituras.
Cuando llegó a su apartamento en el centro de Manhattan, se dio cuenta de que su mejor pieza había desaparecido, entonces recordó el accidente de antes, y se maldijo por haber dejado allí su obra maestra.
Varios días más tarde recibió una llamada que lo citaba en la entrada de un parque a las cuatro del mediodía, no tenía ningún motivo para haber escuchado esa llamada, pero algo lo impulsaba a hacer lo que le indicaba. Ese día hacía mucho viento así que decidió abrigarse, cogió su abrigo negro y se lo puso rápidamente, y caminó hasta llegar al lugar indicado, eran las cuatro en punto, y un hombre tocó el hombro de Josh a la misma vez que le preguntaba:
-¿Es usted el compositor de esta pieza?
Josh se giró mirando al señor que le estaba hablando, era el mismo con el que se había topado días antes.
-Si soy yo, le agradezco que haya encontrado mi partitura, debió de caerse cuando choqué con usted.
-No se preocupe, la verdad es que hacía tiempo que estaba buscando una melodía como esta, yo soy director de cine y si no es mucha molestia me encantaría usar esta canción en la película.
-Pero... es posible.... que mi canción haya sido escogida, y por casualidad.
-Bueno ¿qué me dice?
-Claro, puede usarla. Mi sueño siempre ha sido ese. Muchas gracias Sr...
-Bennett  Bradley, pero puede llamarme Bennett, a partir de ahora se encargará de componer las melodías para todas mis películas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Los polos opuestos siempre se atraen.

A Carolina le gustaban los finales felices, tomar su chocolate caliente mientras leía un buen libro cerca del calor de la chimenea, la música clásica y el ballet, soñaba con tocar las estrellas, por el contrario, Alan prefería la música rock, la velocidad, siempre llevaba su chaqueta de cuero, daba la impresión de ser un chico duro pero en el fondo era muy dulce. La primera vez que Carolina y Alan se vieron por primera vez se enamoraron el uno del otro, eran como el día y la noche, polos opuestos, cada uno complementaba al otro, eso los unía más y más, nada podía separarlos.
Nunca olvidarían el 18 de Abril, habían pasado su primera noche juntos y estaban muy felices de estar el uno al lado del otro, cuando Carolina despertó, lo primero que hizo fue buscar con la vista a Alan, pero no pudo encontrarlo, se levantó y se dirigió a la cocina. En la mesa había dos platos vacíos y otro un poco más grande con varias tostadas, un frasco de mermelada de fresa y otro de mantequilla, además de dos tazas de café recién hecho, en el centro de la mesa había un jarrón con rosas rojas, junto con una pequeña nota:

Buenos días cariño,
Con amor Alan.

Justo cuando acabó de leer la nota, Alan entró por la puerta, ella estaba de espaldas y no se dio cuenta de que él estaba a su lado, la cogió por la cintura y la acercó hacia él lentamente, ella se giró y esbozó una media sonrisa, él simplemente se limitó a mirarla para más tarde depositar un dulce beso en sus labios.

sábado, 16 de abril de 2011

Una princesa lejos de su cuento de hadas.

La princesa cansada de esperar a que su príncipe azul llegara decidió buscarlo ella misma, escapó de su cuento de hadas, de su mundo de fantasía, uno de papel y tinta.
Buscó en el país de las maravillas, en Nunca Jamás, en todos los lugares que le venían a la mente, pero nada, lo único que conseguía era cansarse aún más. Las piernas ya le flaqueaban pero no se rendía tan fácilmente, ella no era una de esas princesitas que se sentaban a esperar en su castillo de cristal, no, a ella no le importaba despojarse de su vestido, ni de sus zapatos de cristal. Agotada decidió descansar cerca de una fuente, se sentó en un banco que ya estaba ocupado por otra persona, a éste no pareció importarle que ella se sentara en el mismo banco. Desesperada lanzó un grito a los cuatro vientos:
+¿Porqué no puedo encontrarte mi príncipe azul?
El chico que había a su lado se giró y sus ojos se iluminaron.
-Mi dulce princesa por fin te encuentro.
Ella al escuchar eso se dio media vuelta y lo miró a los ojos y una sonrisa salió de su carita de porcelana.
+¿Por qué has tardado tanto en dejarte encontrar?
-Se supone que soy yo quien te debe encontrar y no al contrario.
+Yo no soy una princesa como todas las demás, yo soy...  -comenzó
-una princesa lejos de su cuento de hadas -finalizó él.

martes, 12 de abril de 2011

Mi pequeña estrella.

Esta noche mirando al cielo, encontré una estrella, era la más hermosa que había visto nunca, pero desapareció en un abrir y cerrar de ojos, había perdido lo más bonito que uno podía encontrar. Es imposible retener una estrella y aún más imposible poder guardarla para siempre en una cajita.

Cansada de vagar sin rumbo fijo acabé llegando a un pequeño trocito de playa en mitad de la nada, las olas intentaban saltar el rompeolas, pero todo esfuerzo era nulo, siempre se repetía el mismo final, por mucho que intentaban superar ese obstáculo, algunas se escapaban entre las grietas de las rocas llegando a la orilla y en un último suspiro desaparecían. La arena se colaba entre los dedos de mis pies, decidí echarme sobre la arena y ahí me quedé un buen rato observando la inmensidad del mar. La noche caía y el cielo terminaba de plagarse de estrellas, pero ninguna de ellas era tan bella como la mía. Un brillo azulado cruzó el cielo precipitándose hacia el mar, corriendo me adentré en su profundidad buscando aquello que ansiaba encontrar, a lo lejos un débil destello se consumía lento, muy lento, una sensación de angustia se apoderó de mi cuerpo y mente, aceleré el ritmo, y allí sobre una fría e inerte roca se encontraba mi estrella, mi pequeña estrella.

La tomé entre mis manos llevándola a la orilla, cada vez la notaba más fría, su luz, su calor, amenazaban con desaparecer, nada más pisar la playa me acerqué a un pequeño fuego que antes había fabricado, el crepitar de las llamas y el murmullo del mar nos acompañaban, sentía que la perdía, una lágrima bajó por mi mejilla cayendo sobre mi querida estrella, por un momento pensé que la había recuperado, el débil brillo empezó a crecer y crecer, hasta que recuperó todo su poder, toda su esencia, quería quedarse junto a mí y yo tenerla para siempre.

sábado, 26 de marzo de 2011

Juguemos a ser adultos.

+ Juguemos a ser adultos para que podamos ser libres, para que no tengan que decirnos lo que debemos hacer, estoy cansada de tener que madrugar para ir a clase, de tener que comer las verduras que tanto odio, de que mis padres no me dejen jugar con mis amigos todo el tiempo que quiero y de que me obliguen a acostarme temprano todas las noches.

- Sabes una cosa... juguemos, pero cuando lo hayas probado seguro que no querrás volver a jugar a ser adultos, desearás volver a ser pequeña, porque ya no tendrás a nadie que te diga lo que debes hacer sino que te obligarán a hacerlo, porque no tendrás que levantarte pronto sino que perderás el sueño y lo peor es que ya no tendrás suficiente tiempo para estar con tus amigos.
¿Estás segura de que eso es lo que quieres?

+ No lo sé...


Esta entrada va dedicada a todos mis seguidores pero en especial a Alina, a la que han operado y espero que se recupere muy pronto. Un Beso.

domingo, 6 de febrero de 2011

Viejos recuerdos.

Era el cumpleaños de la abuela Nelly y como de costumbre, todos se reunían y hacían una gran fiesta, pero este año sería especial.

Un olor a menta y canela recorría toda la habitación, los más ancianos contaban historias que los niños escuchaban atentamente, al fondo el perro de la familia corría en círculos intentando atrapar su propia cola, mientras junto a la chimenea, la abuela Nelly ojeaba un viejo álbum de fotos entre risas y lágrimas, a la vez que acariciaba a su querida gatita que ronroneaba en su regazo. Ness, la gatita, bajó de un salto y se deslizó hasta su cesta. La abuela que acababa de revisar por enésima vez el álbum, se levantó y lo depositó en la estantería entre otros muchos viejos libros. Emily fue corriendo hasta donde se encontraba su abuela, extendió las manos en las que guardaba una pequeña cajita que escondía un medallón grabado con las iniciales N y T, una lágrima recorrió el rostro de la abuela Nelly. Acababa de recuperar el medallón que le regaló el abuelo Tom el día que se conocieron, ese había sido su mayor tesoro tiempo atrás hasta el día que lo perdió, ya lo había dado por desaparecido, pero algo lo había puesto de nuevo en su camino, algo llamado destino.
 Que ilógico es el destino, te puede destrozar la vida en un segundo, pero también puede hacerte la persona más feliz del mundo.

sábado, 5 de febrero de 2011

Un momento inesperado.

Amanda caminaba bajo un cielo iluminado por la luz de las estrellas, cansada, se dejó caer sobre el mullido césped del parque, un dulce aroma inundaba todos sus sentidos, cerró los ojos y se dejó llevar junto a las hojas de los árboles que bailaban al compás de una vieja nana susurrada por el viento, poco a poco se sumergió en un profundo sueño. Pasaron más de 20 minutos y Amanda seguía dormida, como un rayo, Cristian depositó un beso sobre su mejilla, haciendo que ésta se estremeciera, pero aun así disfrutó de aquel beso.
Cristian se echó sobre la hierba cerca de Amanda, ella se incorporó un poco y despacio, muy despacio se acercaron el uno al otro, Cristian volvió a depositar sus labios sobre la frente de Amanda, esta vez se vieron interrumpidos por una lluvia inesperada. Aun así no pareció importarle, esta vez Amanda posó sus labios en los de Cristian.

sábado, 22 de enero de 2011

Tardes de lluvia y café.

Rose descansaba en la vieja mecedora, situada en un rincón del jardín no muy alejado de una pequeña mesa, mientras, el viento se colaba como por arte de magia bajo el mantel haciendo bailar unas tazas de café sin que nadie les prestara atención, momentos después, una brisa fresca acariciaba suavemente la mejilla de Rose, que pasaba las tardes sentada junto aquella mesa, lloviera, nevara, ella siempre permanecía allí, recordando aquellas tardes sentados el uno frente al otro, dibujando sonrisas, a la vez que tomaba pequeños sorbos de café.