English cv French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

Seguidores

viernes, 6 de mayo de 2011

Gracias al desonocido destino.


Josh era no era un chico normal y corriente, sino de los que aparecían solo una vez en la vida.
No era el chico perfecto si nos fijamos en su apariencia, pero eso era lo de menos, Josh era moreno, de ojos castaños, algo tímido pero muy alegre. Le gustaba la música tanto como a un perro su hueso, siempre que podía cogía una guitarra y componía dulces melodías, soñaba con que una melodía suya se hiciera famosa algún día, pero sabía que por su carácter introvertido nunca lo conseguiría.
Un día cuando caminaba por la calle, llevaba bajo el brazo su carpeta roja en la que guardaba todas las partituras de las canciones que componía, al doblar la esquina chocó contra un hombre alto, demasiado imponente como para decirle algo, todos sus papeles cayeron al suelo, pidiendo disculpas se agachó a recoger todo el estropicio, pero sin darse cuenta dejó olvidada una de sus partituras.
Cuando llegó a su apartamento en el centro de Manhattan, se dio cuenta de que su mejor pieza había desaparecido, entonces recordó el accidente de antes, y se maldijo por haber dejado allí su obra maestra.
Varios días más tarde recibió una llamada que lo citaba en la entrada de un parque a las cuatro del mediodía, no tenía ningún motivo para haber escuchado esa llamada, pero algo lo impulsaba a hacer lo que le indicaba. Ese día hacía mucho viento así que decidió abrigarse, cogió su abrigo negro y se lo puso rápidamente, y caminó hasta llegar al lugar indicado, eran las cuatro en punto, y un hombre tocó el hombro de Josh a la misma vez que le preguntaba:
-¿Es usted el compositor de esta pieza?
Josh se giró mirando al señor que le estaba hablando, era el mismo con el que se había topado días antes.
-Si soy yo, le agradezco que haya encontrado mi partitura, debió de caerse cuando choqué con usted.
-No se preocupe, la verdad es que hacía tiempo que estaba buscando una melodía como esta, yo soy director de cine y si no es mucha molestia me encantaría usar esta canción en la película.
-Pero... es posible.... que mi canción haya sido escogida, y por casualidad.
-Bueno ¿qué me dice?
-Claro, puede usarla. Mi sueño siempre ha sido ese. Muchas gracias Sr...
-Bennett  Bradley, pero puede llamarme Bennett, a partir de ahora se encargará de componer las melodías para todas mis películas.

lunes, 2 de mayo de 2011

Los polos opuestos siempre se atraen.

A Carolina le gustaban los finales felices, tomar su chocolate caliente mientras leía un buen libro cerca del calor de la chimenea, la música clásica y el ballet, soñaba con tocar las estrellas, por el contrario, Alan prefería la música rock, la velocidad, siempre llevaba su chaqueta de cuero, daba la impresión de ser un chico duro pero en el fondo era muy dulce. La primera vez que Carolina y Alan se vieron por primera vez se enamoraron el uno del otro, eran como el día y la noche, polos opuestos, cada uno complementaba al otro, eso los unía más y más, nada podía separarlos.
Nunca olvidarían el 18 de Abril, habían pasado su primera noche juntos y estaban muy felices de estar el uno al lado del otro, cuando Carolina despertó, lo primero que hizo fue buscar con la vista a Alan, pero no pudo encontrarlo, se levantó y se dirigió a la cocina. En la mesa había dos platos vacíos y otro un poco más grande con varias tostadas, un frasco de mermelada de fresa y otro de mantequilla, además de dos tazas de café recién hecho, en el centro de la mesa había un jarrón con rosas rojas, junto con una pequeña nota:

Buenos días cariño,
Con amor Alan.

Justo cuando acabó de leer la nota, Alan entró por la puerta, ella estaba de espaldas y no se dio cuenta de que él estaba a su lado, la cogió por la cintura y la acercó hacia él lentamente, ella se giró y esbozó una media sonrisa, él simplemente se limitó a mirarla para más tarde depositar un dulce beso en sus labios.