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jueves, 16 de abril de 2015

Mi pequeño gran poeta.

Un día me preguntaron quién era mi poeta favorito, en ese momento no supe qué responder, nunca ningún poema me había llegado a remover por dentro. Hasta que apareció él.


Tiene las manos repletas
de versos a flor de piel,
de palabras serenas, 
y amapolas en la mirada 
a punto de nacer.

Tiene tinta en las venas; roja, 
como la sangre que las riega
en las mañanas tardías;
como el color de esos labios
que lo harán enloquecer.

Tiene ojos de contornos sombríos,
aún más negros que su "alma",
la cual se empeña en oscurecer
cada anochecer.

Mas pocos saben
que esos pozos de tinieblas
han absorvido todos los agujeros negros
de galaxias torturadas.

Que guarda la esperanza
en los límites de sus ojos
por si algún día pierde
las señales intermitentes 
de su baldío corazón,
que se resiste a latir al compás de otro vals.

No hace mucho
me volvieron a preguntar por él,
y por primera vez supe qué responder.

Tal vez le hablé de Cernuda,
Rilke o Baudelaire.
Puede que renegara de cada poeta,
de sus musas y sus muertes silenciosas;
incluso decidiera que estos labios
no volverían a caer en versos fugitivos.

Mas si me preguntas te diré
que los poemas de Bécquer están sobrevalorados,
que las pupilas azules
siempre me helaron el alma,
que te prefiero verde, como el límite
infinito de tus ojos,
o marrón como la tierra
que une nuestros caminos.

Y sobre todo diré
que nunca nada será poesía
si no lleva tu nombre
en tinta grabado.



Esta entrada está dedicada a mi pequeño gran poeta y amigo Adri, lo demás ya está todo dicho.

domingo, 12 de abril de 2015

Primavera herida.



Pasas por mí, como lo hace el invierno,
rozando mi alma con besos
itinerantes, desfilas, al borde de
mareas y noches en vela, cual
ave de paso.

Vacías tus recuerdos
en otros labios, en otras vidas de
realidades ficticias y falsas estaciones
acorazadas.

Hendida en mi piel, te atrincheras
en el centro de todas mis tormentas, mientras
recorres todas aquellas constelaciones que olvidaste
incrustar en cada uno de mis poros. Ahora yacen
dormidas en algún rincón de mi memoria.

A la espera de un nuevo otoño perdido.